martes, 2 de mayo de 2017

Ramón Loureiro, "Casares" - RESEÑA ESPECIAL MAYO

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Autor: Ramón Loureiro    Editorial: Trifolium    Año: 2017
Valoración: 4 / 5

Dentro de poco —el 17 de mayo, en recuerdo de la fecha de publicación, en 1863, de Cantares gallegos, de Rosalía de Castro— tendrá lugar la fiesta mayor de la cultura gallega, el Día de las Letras Galegas. Este año recae el homenaje sobre el escritor orensano Carlos Casares, autor de obras como Los muertos de aquel verano, una de las figuras literarias más relevantes del último cuarto del siglo XX en este rincón de la tierra.

Para honrar al autor al cual le unía un hondo afecto, el también escritor Ramón Loureiro ha publicado un opúsculo titulado sencillamente Casares que puede servir magníficamente como primera aproximación a los hitos principales de la vida de este auténtico paladín de la Literatura gallega, incansable en su empeño de promocionarla y, sobre todo, hacerla entrar en la modernidad. Por sus características, estructura y brevedad, más que de una biografía o un estudio al uso se trata más bien del entrañable “elogio fúnebre” —por así decir, aunque Casares falleció prematuramente en 2002— que Loureiro le hace al amigo perdido.

Tal vez por todo ello se trata de una lectura “amena” y querible que despierta fácilmente en el lector interés por la figura de quien manifestó su talento no sólo en la faceta literaria, sino también como docente, estudioso, periodista, editor e incluso político.

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

A PROPÓSITO DE "PATERSON", DE JIM JARMUSCH

[Si no has visto la película, es mejor que la veas antes de leer el poema]


si el autobús, ahora, por un fallo eléctrico
acabase convertido en una bola de fuego
— esas cosas pueden pasar:
en Madrid, este año, ya pasó dos veces —

si yo perdiese la vida
— imagina los titulares:
FALLECEN 37 PERSONAS CALCINADAS EN UN AUTOBÚS
(por suerte no se lamentan daños materiales):
uno sería un numerito en medio de otros numeritos:
“¿Qué ha pasado?”, “Nada, un numerito que ha muerto”,
“¡Bah!, lo mismo de siempre” —

si esto sucediese y este fuese mi final,
sería bonito haber vivido contigo durante dos horas
en Paterson, Nueva Jersey, y llamarse Paterson,
y leer Paterson, de William Carlos Williams

que trataras de consolarme con tu guitarra Arlequín
cuando nuestro perro Marvin destrozó mi libreta de poemas;
comerse las ciruelas que tenías reservadas para el postre
¡qué ricas estaban, tan fresquitas!

yo conduciría mi autobús
— esto ya es ciencia-ficción —
reprimiendo sonrisas al oír las candorosas conversaciones de la gente,
mientras tú preparas cupcakes blanquinegros decorados con motivos geométricos,
igual que las cortinas del baño, igual que las lacenas de la cocina,
igual   que las puertas de la casa, los visillos del salón, tu guitarra,
e incluso la funda de la rueda de repuesto…

sería bonito sentarse cada mediodía ante las cataratas Passaic
— donde una tarde una tarde un turista japonés
me dio una gran lección de vida —
a escribir, y encontrarse niñas adolescentes que esperan a sus madres
y que escriben poemas sobre el agua que cae
algunos lo llaman lluvia
sentadas en contenedores de basura, admiradoras de Emily Dickinson;
y tomarse una cerveza cada noche en el bar,
donde una vez evité que un tipo desesperado se volase la tapa de los sesos…

si el autobús, ahora, por un fallo eléctrico
acabase convertido en una bola de fuego,
no lo lamentaría, porque habría tenido

una vida plena, aunque sólo fuese durante dos horas