viernes, 23 de enero de 2015

¡Qué discreta era!


No se lo contó al jardín

pues su temor era ser conquistada por él;

pero se subió al tejado

para huir de la montaña.


Ignoró el zumbido de la abeja,

pues para decírselo a ella

tampoco tenía fuerzas;

en cambio se encerró en su habitación

para que no se lo sustrajera el libro.


Ni osó después susurrarlo por las calles

por miedo a que la criticaran;

sin embargo, tomó la estilográfica

fuertemente, con las dos manos.


Se lo calló a los bosques y laderas

de su infancia:

no debían saber que partía a un viaje eterno.

Mas se deslizó bajo la roca

con la mirada callada.


Ni, aun seducida por el vino,

lo reveló en la mesa:

hacia el interior del acertijo alguien va

todos los días.

Pero destapó el mantel

y lo tachó con rabia;

la grapadora retrocedió unos pasos,

y avanzó corriendo velozmente

para poder quitárselo.


Otoño de 1999 - Primavera de 2004

jueves, 22 de enero de 2015

Para estas cosas desearía yo


Para estas cosas desearía yo

tener poder y voluntad:

para reventar la cuadratura del círculo

con tan sólo lanzar un suspiro;

para desbaratar los argumentos más sólidos

con sólo levantar una ceja de duda;

para demoler los muros de piedra

con sólo señalarlos con el dedo;

para…

********************

¡Más qué importa, al cabo!

El crepúsculo se cierra,

cada vez más abatido por la lluvia,

y yo me encaminaré al país del

Círculo de Fuego,

y allí me olvidaré de cuanto deseaba.


Llevaré mis látigos-cilicios eternos

atados a mis dedos,

y dejaré de pensar en el saber,

en la comprensión, en la ignominia,

en el pecado…


¡Dejaré de pensar, a secar, y desapareceré

para siempre!


También yo he de emprender un

Viaje de Invierno:

me llamaré El Desaparecido,

y pondré otra sangre

donde estuvo mi sangre


Me encaminaré al país del

Círculo de Fuego

viajando en invierno bajo la lluvia fría;

nadie notará mi huida,

nadie me echará en falta;

y cuando cese la lluvia y puedas

salir de casa (tal vez para buscarme),

yo te digo: no me busques ya, ahora,

no me encierres en tus manos,

que me rompes las alas;

ni vayas a buscarme a otros países,

a otros reinos que no son de este mundo:

ya no deseo que me encuentres,

pues he abandonado,

he abandonado el Amor, la Alegría,

y he tomado dos nuevos

compañeros de viaje:

el Silencio, la Amargura,

que me son más fieles, más dóciles,

más comprensivos y comprensibles

que nadie en este mundo.


Otoño de 1999 - Primavera de 2004

miércoles, 21 de enero de 2015

Desde el cielo nos vigilan



Pensar, en ocasiones, me duele,

—ideas tan terroríficas

me recorren la mente—,

tan extraños parajes y reacciones,

laberintos tan interminables,

que no ha nacido aún

mortal que soportar los pueda.


Tantas certezas han anidado en mí,

con tal claridad conozco

lo que va a suceder,

que no puedo ya recordar

los círculos del tiempo

que en mí se inscribieron:

sé ahora que el tiempo,

circular,

para detenerlo no,

para cambiarlo

(pues no existe, o no se detiene)

hay que atravesarlo

de un lado a otro.


¡Qué mal se nos han contado

las cosas!

¡Creemos haber conseguido tanto,

y continuamos aún haciendo

lo mismo!


Puede ser que hayamos cambiado

el envoltorio,

pero la esencia es idéntica.


Tratan de convencernos,

y nos dejamos convencer alegremente.


La desgracia golpea

siempre

a los mismos.


Golpea tal vez a los que lo

merecen, en la promesa

de una vida mejor.


Los que recuerdan el mal permanecen,

no existirán entonces.

El tiempo ha girado,

ha vuelto a empezar:

herrumbrosos nos quejaremos,

y todo será igual

siempre.


Otoño de 1999 - Primavera de 2004